Dead or Live – Operación Bikini

Hay que ser aburrido, demasiado serio o muy triste para no saber disfrutar de esta película. Porque a ver, ¿qué puede esperar uno de la adaptación de un videojuego que se hizo famoso por el “realismo” con el que se movían las tetas de sus luchadoras? Pues a poco que uno sea mínimamente inteligente, no esperará otra cosa que tías buenas repartiendo leches, algo que, por otro lado, no es ni más ni menos que lo que promete su trailer. Así que, me van a perdonar la expresión, pero me parece un poco tonta esa actitud de “uy, quita, quita, qué peli más mala será, si ni siquiera han contratado a buenas actrices y el guión seguro que es una mierda”. A ver, chavales y chavalas, eso ya lo sabemos todos de antemano, no hace falta que os jactéis de ello y encima pretendáis ir de inteligentes con esas afirmaciones de librillo. Aquí de lo que se trata, y lo repito, por si alguien no se ha enterado, es de pasar ochenta y pocos minutos delante de la pantalla viendo cómo un puñado de tías buenas en bikini se parten el lomo contra personajes estereotipados (el viejo maestro chino silencioso, el afroamericano calentorro y vacilón, el simpático wrestler norteamericano, etc.), mientras sueltan frases frívolas con toda la alegría del mundo y las leyes de la física quedan totalmente anuladas en beneficio de la exageración y el puro delirio cinematográfico. Si alguno de ustedes es incapaz de apreciar el cine en su vertiente de entretenimiento puro y duro, sin más aspiraciones artísticas que conseguir algún encuadre “moderno”, decorados coloristas o efectos especiales “molones”, será mejor que permanezca alejado de esta DOA tanto como pueda. Y así, de paso, no dará la lata en plena proyección con sus reflexiones “sesudas” a los que han pagado su entrada con la única, sana y encomiable vocación de pasar un buen rato sin tener que preocuparse de la coherencia narrativa, la progresión psicológica de los personajes o el mensaje socio-político. Para eso están otras pelis. ¿No creen?

Y es que, lo crean o no lo crean algunos, existe la posibilidad de disfrutar con cintas como ésta, como Street Fighter, como Transporter o como Torque. Y más sorprendente aún: ¡no hay por qué avergonzarse de ello! Creo que a estas alturas, tanto los responsables de este blog como muchos de sus lectores, somos ya lo suficientemente adultos como para saber diferenciar las peras de las manzanas y saber qué sabor tenemos que esperar de cada una. Pero… ¡ojo! No todas las películas de este tipo tienen que ser necesariamente defendibles, porque hay algunas que además de ser intrascendentes resultan aburridas y cansinas. Y, de cualquier manera, en no pocas ocasiones cuando se trata de defender o atacar películas supuestamente “malas” la objetividad se suele ir al carajo y entramos a valorar la cinta en cuestión dependiendo, entre otras cosas, del grado de simpatía que nos provoque, de las veces que has bostezado o sonreído, o de lo alegre o deprimido que estuvieras en el momento de visionarla. Por otro lado, todo esto se agrava si además hablamos de la adaptación de un videojuego, concepto a priori perjudicial para la recepción del proyecto de cara no sólo a la crítica (que en su mayoría sigue llamando “marcianitos” a cualquier propuesta jugable), sino también al público medio que tantas horas pasó delante de su gamepad y que lanza el grito al cielo cuando ve que le han cambiado el color de la camiseta a su personaje favorito. Así que, entre los ataques de unos y otros, existe la idea generalizada de que “todas las películas basadas en videojuegos son una puta mierda”. Vale, puede que haya un puñado de casos en los que esto sea totalmente cierto. Pero tendríamos que tener en cuenta que estos largometrajes no están adaptando teatro humanista ni tratados filosóficos (aunque no se alejen demasiado de los postulados mitológicos del héroe enfrentándose a las bestias para conseguir un objetivo concreto). Además, ciñéndonos exclusivamente al caso concreto de Dead or Alive, la película no ofrece más que lo que había en el videojuego y que vuelvo a mencionar: tías buenas y artes marciales. Así que no veo lógico quejarse demasiado porque en ese sentido el resultado es inmejorable (vale, reconozcámoslo, la peli podría haber estado incluso mejor con desnudos, pero lo que hay está más que bien).

DOA, la película, se sitúa en un terreno cercano al de otra popular adaptación de un juego, Mortal Kombat, en el sentido de que su argumento se limita a una sucesión de combates adornados con leves intrigas entre unos personajes y otros para rellenar algo el tiempo que hay entre pelea y pelea. Pero también está espiritualmente muy cerca de las versiones cinematográficas de Los Ángeles de Charlie, al plantear secuencias de lucha que rompen las barreras de lo físicamente probable mezcladas con artilugios de alta tecnología en poder de mentes malignas, aquí un “capturador” de aptitudes marciales que el malo (impagable Eric Roberts, volviendo a luchar años después de su participación en la entrañable Campeón de Campeones y su irregular secuela) pretende utilizar para convertirse en un superluchador y de paso vender el invento a inversores extranjeros. Pero no sólo de referentes occidentales vive la película, ya que tenemos que tener muy en cuenta (sobre todo en lo mucho que afecta, para bien, este hecho a las escenas de lucha) quién es el director de la función (o Cory Yuen, como aparece acreditado en ocasiones). No voy a citar la filmografía completa de este actor, coreógrafo de artes marciales, productor, especialista y director porque necesitaría demasiado espacio, pero baste decir que ha estado presente de algún u otro modo en algunas de las mejores películas de acción de Hong Kong de los últimos 30 años y que su experiencia va mucho más allá de haber sido el firmante de la simpática y plenamente cuatro años atrás. Precisamente en ese mismo año, 2002, Yuen dirigió la película que hizo que los productores de DOA decidieran ofrecerle este encargo, la en ocasiones brillante So Close (estrenada en DVD en España como El control de la venganza), con unas arrebatadoras Shu Qi, Vicky Zhao Wei y Karen Mok repartiendo belleza y patadas a partes iguales, aunque con una trama algo más oscura y dramática. Quiero decir con todo esto que Corey Yuen no es un don nadie, un francotirador de la serie B más rastrera o un novato, y que gracias a su labor detrás de las cámaras DOA contiene unas escenas de acción más que notables en las que, gracias a una mezcla de cables y entrenamiento, las protagonistas lucen como verdaderas expertas (. Dead or Alive os hará pensar en todas estas cintas que hemos citado, pero también en películas de Van Damme como Contacto Sangriento y The Quest, sin olvidar la que posiblemente sea la obra capital del subgénero de torneos marciales, la mítica Operacion dragón Todo empaquetado de manera lujosa y en pantalla panorámica.

Todo un clásico que me ha gustado recordar!

El Origen del Día de Los Inocentes

La celebración, todos los 28 de diciembre, del simpático “día de los Inocentes”, proviene de una historia bíblica que más que nada brilla por su crueldad… “La Matanza de los Inocentes”, un suceso que lleva por protagonistas a Herodes el rey de Judea y al recién nacido Jesús.

En el Nuevo Testamento, en el Evangelio de San Mateo se desgrana esta historia, que nos lleva 2000 años atrás, por aquel entonces, reinaba en Judea, Herodes cuyos rasgos más característicos eran la crueldad y la ambición. En sus últimos años de reinado, Herodes recibió la visita de unos reyes que venían de Oriente, cuyos nombres son de sobra conocidos, Melchor, Gaspar y Baltasar.

Los tres reyes llegaron a Judea para adorar al niño, que según las escrituras era el Hijo de Dios. A Herodes le contaron que una brillante estrella les había guiado hasta aquel lugar, donde se encontraba el que se iba a convertir en el Rey de los Judíos.

Herodes, desconocía quién era ese niño, pero si sabía que debía de haber nacido en Belén. Ordenando entonces el asesinato de todos los niños menores de 2 años, buscando así terminar con la amenaza que se cernía sobre su reinado. Pero no logró su objetivo ya que José y María junto al niño, huyeron a Egipto tras ser advertidos por un ángel. Pero en Judea muchos niños perecieron, y las almas de estos según la tradición, ascendieron a los cielos. En la tradición católica se les recuerda como los “Santos Inocentes” cada 28 de diciembre.