El viaje de Ariadna

En los libros sobre viajes debería aparecer una mención especial a la Patagonia chilena. Su límite sur es el fin del mundo. Es una tierra pérdida en la que todo parece tener otra dimensión. Está poblado de los sueños de viajeros, es una tierra en la que se respira fantasía, sueño.

Su inmensidad es increíble. Todo está lejos de todo en la soledad de los espacios abiertos. Hay algunas zonas, como Puerto Natales, en las que se tiene algún contacto con el exterior…se puede oir la T.V., aunque la imagen no llegue. Más allá de este lugar la carretera se convierte en un camino de grava, desaparecen los pueblos, de vez en cuando se puede ver un rebaño de ovejas.

Es también territorio salvaje, está poblado de pumas y zorros. Debe ser emocionante el momento en el que se descubre por primera vez, la silueta de un cóndor, sobrevolando el páramo o los lagos.

En noches de luna nueva y con el cielo despejado, el cielo austral se llena de miles de puntos de luz. Pero es como mirar otro cielo distinto, con las estrellas revueltas, sin el orden de las constelaciones al que estamos acostumbrados. Al escudriñar este cielo desconocido es fácil pensar que hay algo de pagano en esta región, donde se pueden ver cóndores y zorros bañarse en un lago alimentado por aguas que han estado congeladas durante siglos, y donde la presencia del hombre es muy reciente.

(Basado en el artículo “El viaje de Ariadna”, de EL mundo viajes)